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EL GRAND TOUR

Se puede afirmar que los viajes de placer tuvieron sus inicios en los últimos años del siglo XVIII y los primeros del XIX.

El llamado “Grand Tour” fue un itinerario de viaje por Europa, al que podríamos considerar como el antecesor del turismo moderno, que tuvo su auge entre mediados del siglo XVII y la década de 1820, cuando se impusieron los viajes masivos en ferrocarril, más asequibles.

El Grand Tour es conocido sobre todo a través de la literatura inglesa. Fue especialmente popular entre los jóvenes británicos de clase media-alta, considerándose que servía como una etapa educativa y de esparcimiento, previa a la edad adulta y al matrimonio. Podemos decir que era un rito de transición.  Se pretendía con él que los jóvenes aristócratas accedieran al arte clásico y al del Renacimiento así como a los círculos cultivados de Europa.  Un Grand Tour podía llevar desde varios meses a varios años, dependiendo del presupuesto.  Los ingleses no fueron los únicos, ya que los jóvenes de buena posición de Alemania, Holanda o España también lo realizaban.

Los viajes realizados a menudo se plasmaban en obras literarias, como es el caso de Viaje sentimental, del inglés Laurence Sterne (1767). En esta moda se entronca por ejemplo Historia de una excursión de seis semanas, compuesta por los escritores románticos Mary y Percy Shelley, o en el Viaje a Italia de Goethe.

Como el viajero era un joven que salía por primera vez de casa, era habitual que, entre los más pudientes, lo acompañara alguien de mayor edad y de confianza. Entre los nobles ingleses era común que fueran acompañados por algún clérigo o conocido de su familia.   Con esto se trataba de refrenar sus posibles excesos y controlar su instrucción durante el viaje. Dentro de esta práctica era habitual que el joven fuera dejado a sus anchas al concluir el viaje, usualmente en alguna gran ciudad como París o Nápoles, desde la que su acompañante se despedía de él; esto pretendía ser un margen de confianza para el joven.

El recorrido era muy variado, pero generalmente se consideraba obligatoria la visita a Francia e Italia.  Para un viajero inglés, el Grand Tour solía iniciarse bien en Calais, desde donde se partía hacia París, por aquél entonces el centro cultural de Europa; o bien en los Países Bajos, desde donde se visitaba Bélgica, y posteriormente o bien se pasaba a París y Francia, o a Alemania, No obstante, también había quien viajaba en barco directamente a Italia, para luego regresar por tierra.

El recorrido por Italia estaba muy influenciado por el helenista Winckelmann, el padre de la Arqueología y la Historia del Arte que, a decir de Goethe, instituyó la costumbre casi obligatoria de convertir el viaje a Italia en un estudio del arte renacentista y greco-romano. Típicamente, se visitaba Turín, Milán y Venecia, como centros culturales más modernos, y se bajaba al sur, a Florencia, a admirar obras del Renacimiento.  Roma atraía a un gran número de jóvenes con aspiraciones artísticas, considerándola una visita obligada. La visita a Italia solía concluir en Nápoles, por aquél entonces la mayor ciudad de Italia, donde se admiraban también las ruinas de Pompeya

La Revolución Francesa, que desaconsejaba viajar a Francia, y la creciente fama literaria de Alemania, gracias en buena medida a las obras de Schiller y Goethe, hizo que, a comienzos del siglo XIX, el viaje a Alemania se hiciera mucho más popular y extenso, visitándose ciudades balneario como Baden-Baden, Weimar (donde se visitaba al anciano Goethe), Colonia, Fráncfort del Meno, Maguncia.

Algunos viajeros decidían visitar lugares menos usuales. El biógrafo escocés James Boswell, por ejemplo, decidió incluir en su itinerario una visita a Córcega, donde trabó amistad con el general Pasquale Paoli, líder de los independentistas corsos; al publicar su Viaje a Córcega en la década de 1760, popularizó la causa corsa entre el público británico. El italiano Giuseppe Baretti, a instancias de su amigo Samuel Johnson, realizó un completo tour por España, por entonces un país muy desconocido para los viajeros, en la década de 1760, que relató en su Viaje a España; las visitas a España, sobre todo a Granada, Sevilla, Córdoba y el Levante español, se popularizaron con el Romanticismo. El francés Chateaubriand, en su particular Grand Tour, viajó a Grecia, Constantinopla, y llegó hasta Jerusalén, a comienzos del siglo XIX, lo que aumentó el interés por el Oriente Próximo. Los viajes de Lord Byron y otros a Grecia popularizaron la causa de la independencia griega frente al Imperio otomano.

Fuentes: 

Wikipedia El Grand Tour

El Grand Tour y los viajeros ilustrados en Europa, Luis Alfonso Garay Tamajón 

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